jueves, 10 de abril de 2008

GAITAN... VIVE












GAITÁN EL MITO QUE NUNCA MUERE



Por Horacio Serpa



Gaitán no ha muerto. No morirá jamás. Sus ideas viven en el alma del pueblo, que lo recuerda cada 9 de abril y se desgarra el alma añorando al único hombre que siente suyo. Al líder que siente haber parido para redimirlo y a quien las balas de la oligarquía se llevaron para impedir su ascenso al poder.



Gaitán no descansa en paz. No puede hacerlo mientras retumbe en la conciencia colectiva su magnicidio. Mientras el país político se divorcie cada día con más evidencia del país nacional. Mientras no llegue la restauración moral de la república, y el Partido Liberal no recupere su capacidad renovadora. Mientras no sea cierta la igualdad de los hombres, ni florezca la justicia social y la convivencia.



Gaitán es protagonista esencial de la vida nacional. Su muerte partió en dos la historia de Colombia. Ros de sangre han corrido después de que Roa Sierra disparó contra su figura imponente y convirtió al ser de carne y hueso e ideas demoledoras en un mito que no ha podido ser borrado, ni por los poderosos, ni por los extremistas. Y del que se ha apropiado la base popular, porque su ropaje intelectual solo le queda a quienes defienden con sinceridad las causas más profundas.



Gaitán, quizás por eso, nunca muere y se renueva año tras año, como si el tiempo no pasara, como si sus ideas adquirieran vigencia y fuerza con el paso de los años, más allá de las coronas y los homenajes fatuos de los panegiristas de turno. Como si el bullicio de los estudiantes, los reclamos de los profesores, el estruendoso grito de los sindicalistas y los liberales, los socialistas y los hombres y mujeres de sangre ardiente, le permitieran sublimarse, ser más digeribles sus ideas y más actuales sus proclamas.



Gaitán es mucho más que un billete de mil pesos. Es sinónimo de lucha, rebeldía, oposición democrática, acción política, ideas, combate contra la tiranía, los violentos, la miseria y las infamias.



Gaitán es mártir, ideólogo, visionario. Él mismo se definía así: “He dicho y repito que yo no soy un político sino un hombre que tiene ideas políticas”. Un ser humano excepcional, hijo de Doña Manuela y don Jorge; esposo de doña Amparo, padre de Gloria, que definió lo que significaba su partidismo: “para ser liberal no se necesita sino sentirse liberal”.



Gaitán está de moda. En épocas de unanimismo y héroes de papel, todos hablan de su lucha. 60 años atrás una conspiración lo quitó del camino. Y los colombianos lo extrañan, lo necesitan, lo echan de menos. Los medios han centrado la atención en su parábola vital, precisamente en momentos en que en Colombia la violencia que parió a los magnicidas del 9 de abril de 1948 mantiene secuestrada la esperanza de todo un pueblo. Gaitán se mantendrá en el alma del pueblo, que reclama “no la igualdad retorica ante la ley sino la igualdad real ante la vida”.

Bucaramanga, 8 de Abril, 2008